
Alcanzando el Everest de Nuestros Sueños

Andrés Neira
Director Financiero en Panamá
Aquellos que son amantes de la montaña siempre hablan del magnetismo que estas moles naturales ejercen sobre ellos. Siempre lo escuché pero no lograba comprenderlo, solo pensaba que eran historias de aquellos amantes de lo extremo, de estos apasionados a treparse en bloques de hielo bajo condiciones inclementes. Sin embargo, hace un año estando en los Himalayas lo experimenté y fue simplemente conmovedor.
Después de dos días de vuelo para llegar a Kathmandú desde Panamá, de un vuelo fallido por Budha Airlines que me sonaba como si fuese a viajar en algo así como aerolíneas “El Divino Niño”, de medio día de vértigo en las carreteras Nepalís en las que no sabía si iba a morir en el intento de llegar al punto de partida, de dos días enteros de caminata entre pequeños pueblos en las montañas alrededor del Annapurna, logramos llegar a Poon Hill. Y adivinen qué pasó: Nada. Todo estaba completamente nublado y no veíamos ningún colosal de más de ocho mil metros. Por mucho podíamos entre la niebla solo ver un metro de distancia.
El sentimiento de impotencia y frustración se apoderó de todos quienes estábamos allí. Las predicciones del clima pronosticaban que nada iba a cambiar. La única esperanza era que lloviera en la noche y así de esa manera el cielo se despejara. Me fui a mi habitación y recuerdo que estando dentro del sleeping oré como hacía años no lo hacía. Con la inocencia de un niño y la confianza de ese ser superior en el que me gusta creer solo le pedí que por esa noche lloviera. Y llovió.
Con la lluvia se abrió el cielo, y con esa apertura partimos en la mañana para subir al mirador, y mientras la luz del amanecer cortaba la oscuridad, al fondo se veían las siluetas de las montañas. A las 5:45 am estando en la cumbre de Poon Hill tenía ante mis ojos dos de los famosos catorce ocho mil. Majestuosamente debajo de nosotros estaban las nubes, me sentía como si hubiese entrado al cielo, al fondo veía como el sol les daba un color rojizo a las blancas nieves perpetuas del Dhaulagiri y a mi derecha tenía al Annapurna.
Las lágrimas de emoción rodaban por mis mejillas y lo mismo pasaba en cada uno de los seres que estaban allí. Sin distingo de raza, género, religión o nacionalidad, éramos unos privilegiados. Ese día entendí que la vida no se trata de lo que yo quiero sino de lo que ella tiene para mí. Ese día entendí porque quien va a la montaña aprende a amarla, ese día entendí que lo valioso no fue ver este espectáculo sino el proceso para llegar a él. Una hora más tarde, como quien cierra el telón, la función se terminó, duró solo una hora y así con el corazón llenó caminé dos días más para bajar de la montaña.
Pero, ¿qué tiene que ver esta historia con los sueños? El mundo está regido por leyes naturales y evidentemente la edificación de nuestras vidas no se escapa a ello. Aquello que dice que el límite está hasta donde llegue nuestra imaginación es tan cierto como que los cuerpos caen por la Ley de gravedad. El punto es que no somos conscientes de la existencia de esas leyes. En ese sentido vamos a comenzar por hablar del proceso de creación.
La creación tiene tres pasos sencillos: lo pienso, lo expreso y lo hago. Por eso mi primera invitación es atreverse a soñar y hacerlo en grande. Siempre he dicho que mi película favorita de ciencia ficción es pensar en mis sueños. Nadie la critica, nadie la ve, solo eres tú en la intimidad más profunda de tus deseos. El segundo paso es expresarlo. En el momento que nuestro pensamiento se manifiesta o se verbaliza inmediatamente estamos programándonos para ejecutar una acción. La fase final es hacerlo. Esta la parte que necesita de todo nuestro deseo, de nuestra energía y de planeación. Por eso no se trata de solo soñar en grande, se trata también de aprender a ejecutar.
Que no nos pase que nos quedamos solo en los sueños o solo en las palabras, tenemos que desarrollar la habilidad de pasar del pensamiento a la acción. Por eso cuiden sus pensamientos y cuiden sus palabras porque de ellas se derivan nuestras acciones.
Y ahora que lo he pensado y lo he manifestado, ¿qué sigue?
La parte más enriquecedora es el proceso. Por eso no teman si el resultado final no es el que esperaban, el simple hecho de tomar la decisión de emprender la búsqueda de nuestros propósitos nos ha transformado. No teman a fallar, recuerden: no se trata de lo que queremos sino de lo que la vida tiene para nosotros, pero es nuestra responsabilidad salir a buscarlo. No hables de fallas, hablemos más bien de cambios de planes. No hablemos de fracasos, hablemos de asumir responsabilidad por las decisiones que tomamos.
A continuación, comparto unos pasos muy sencillos que yo ejecuto siempre que inicio un nuevo proyecto personal:
- Buscar información: en la era digital tenemos acceso a múltiples fuentes de información. Por video, artículos, bloggers. El mundo se ha reducido hoy a un punto que podemos entrar en contacto con personas que ya han recorrido el camino y nos pueden nutrir con sus experiencias sin que estén necesariamente en el mismo país.
- Establecer una red de contactos: Una vez que te informas el siguiente paso es identificar a todas aquellas personas que van a ser importantes en la consecución de tu sueño. Especialistas, amigos, familia, asesores, etc.
- Establecer un plan de trabajo: Una vez tengas toda la información disponible pasas a elaborar un plan de trabajo que responda preguntas básicas. Está son: horizonte de tiempo, recursos, viabilidad, pasos iniciales de principio a fin.
- Plan financiero: Una vez estableces el plan ahora debes establecer un presupuesto. Entender los recursos que nos demanda una meta es indispensable. Eso no quiere decir que si tus recursos actuales no son suficientes debas desistir. Al contrario, esto te sirve para identificar cuánto debes conseguir y de esa forma fijar un plan de acción para lograrlo. Por ejemplo: un crédito, un patrocinio, una beca, recursos propios, etc.
- Manos a la obra: Es poner en marcha el plan de acción y ejecutarlo. Pero nunca olvidar que si las cosas no se dan como las esperabas es porque necesitabas vivir el proceso no necesariamente llegar a esa meta. Como suelen decir los montañistas cuando las condiciones no se dan para llegar a la cima: La montaña allí estará, en otro momento lo intentaré.
En el momento de escribir este artículo estoy a dos semanas de ir por un sueño. Lograr mi primera cumbre de alta montaña. El ascenso lo inicié hace seis meses cuando me ilusioné con subir a la cumbre del Volcán Cotopaxi en Ecuador. Mi inspiración vino de ver los testimonios de aquellos montañistas que conquistan las grandes cumbres y la profunda emoción que sentí al estar en los Himalayas. En mi preparación he aprendido a escalar en bloque y en muro y a mi vida llegaron nuevos amigos y personas tan diversas que me han enriquecido profundamente. Mi cuerpo se ha transformado, luzco más saludable y mis manos se han curtido para poder escalar.
En este proceso he aprendido sobre equipos de alta montaña y en estos meses he experimentado la emoción de ir recibiendo cada una de las herramientas que voy a usar. Recuerdo la felicidad que sentí cuando recibí las botas de alta montaña, la ilusión cuando tuve los crampones en mis manos y la semana pasada mi corazón latía a mil cuando recibí mi primer piolet. En estos seis meses de preparación he aprendido a comer más saludable, he aprendido hasta de nutrición. Pero lo más importante es que perseguir este sueño me ha ayudado a ser mejor persona, a comprender el valor de la diversidad, a ayudar a los demás y a confiar en los otros y en mí mismo. En dos semanas viajo a Ecuador para dar inicio a mi proceso de aclimatación, allí aprenderé las técnicas de seguridad en alta montaña y luego me lanzaré a la cumbre.
Tengo la tranquilidad de que he dado todo de mí para alcanzar este sueño pero siempre vamos a tener variables que no podemos controlar. El secreto es reducirlas. En este momento dependo de que mi cuerpo se aclimate y reaccione bien a la altura y de que el “Coto” me quiera acoger en su cumbre. Por eso si llego a la cumbre estaré muy feliz, pero si por alguna variable que se escapa de mi control no lo logro, estaré igualmente feliz porque lo importante fue el proceso, la montaña allí estará, ya habrá otro intento.
Sueñen, sueñen en grande, nadie les cobra por sus sueños. No se preocupen si no lo logran, preocúpense por dar todo de sí en el proceso. El proceso es lo que importa. No hay sueños pequeños, solo enanos que muertos del miedo pierden la oportunidad de iniciar un proceso de transformación.
Visualicen su propia cumbre, ámenla y a la conquista!
Andrés
